El tira y afloja del pacto de inversión

Emprendedores e inversionistas deben llegar a múltiples acuerdos para sacar adelante un negocio. ¿Cómo será la división de los beneficios? o ¿cómo se conformará el directorio? son algunas de las interrogantes que deben plantearse para concretar y potenciar el negocio.

Para que un emprendedor saque adelante un proyecto, requiere capital. Si no lo consigue, será imposible sacarlo adelante y la oportunidad se desvanecerá. El inversionista es clave en este proceso y él lo sabe. Lograr equilibrar las demandas de ambos y dar a cada uno lo que corresponde en el negocio es una tarea que requiere de mucha claridad y transparencia, pues el camino no es fácil.

Inversionistas y emprendedores buscan trabajar juntos con el objetivo de ganar dinero. Sin embargo, estos últimos tienden a identificarse más con el proyecto, mostrando gran interés en conservar el control y la independencia en la toma de decisiones de la empresa.

En tanto, los inversionistas están preocupados por la eventual falta de experiencia o de objetividad de los emprendedores, por lo que desean tener opciones para tomar el control de la empresa si las cosas no van bien. Así, si bien la negociación se centra en la participación económica, también incluye definiciones sobre los derechos y responsabilidades de cada parte en la toma de decisiones de la empresa.

La negociación

Cuando se lleva a cabo la negociación económica cada parte introduce sus percepciones e intereses en el proceso de valoración. Es por esto que se crean diferencias en el valor percibido de la empresa y en el porcentaje de propiedad que corresponde al inversionista.

No sólo se negociará el valor, sino que también la manera en que se realizarán las inversiones y se obtendrá el retorno. Un emprendedor que busca la supervivencia de la empresa tratará de asegurar el total de la inversión necesaria. Mientras que el inversionista buscará diferir los compromisos de inversión hacia el futuro para obtener así mayor información acerca de la conveniencia de seguir invirtiendo.

Un acuerdo en el que los desembolsos futuros se realicen condicionados al cumplimiento de metas puede beneficiar a ambas partes. Pues de esta forma el inversionista se sigue comprometiendo sólo si se cumplen las metas y disminuye el riesgo del negocio. Y con menor riesgo el emprendedor también se beneficia al poder acceder a capital más barato.

Además de negociar la manera de entrar en el negocio, el inversionista negociará cómo obtendrá su rentabilidad y, en particular, los mecanismos de salida a los que podrá optar. Para disminuir el riesgo de recuperar su inversión, éste puede buscar derechos preferentes en el reparto de dividendos y en la venta de su participación.

Asimismo, puede proponer cláusulas que obliguen al emprendedor a generar la oportunidad de salida para el inversionista. Por ejemplo, una cláusula de recompra obligatoria de su participación por parte de la empresa o de los emprendedores originales o en casos extremos la autoridad para forzar la venta de la empresa a un comprador elegido por el inversionista.

En paralelo al acuerdo sobre la división de los beneficio que pueda traer la empresa, se negocia la forma de tomar decisiones y las opciones que se disponen para seguir participando a futuro. Se debe definir la conformación del directorio y sus atribuciones, así como cláusulas que pueden dar derechos de veto a ciertas decisiones, como la entrada de nuevos socios a la empresa.

El documento

Este proceso de negociación dará lugar al documento que regirá la forma cómo operará la sociedad.

Para que las partes entren en una relación de largo plazo que beneficie a la empresa, el documento debe construirse en base a una confianza mutua, más que   una extensa lista de cláusulas que anticipen potenciales conflictos. La filosofía del documento debe ser plasmar en forma simple una estructura de incentivos que promuevan el esfuerzo de los emprendedores, el compromiso de los inversionistas y una repartición de beneficios acorde con los aportes de cada uno. Aún así el documento incluirá una serie de detalles que deben ser claramente entendidos por las partes. Es importante que los emprendedores resistan la tentación de dejar los detalles más engorrosos a los abogados. Su deber es comprender a cabalidad los compromisos que se adquieren.

La relación emprendedor-inversionista es mucho más que una transacción de dinero por una participación de potenciales beneficios. Es una sociedad en la que el inversionista,   además   de   una promesa de beneficios, busca adquirir ciertos derechos que respalden su capacidad para recuperar la inversión. El emprendedor al mismc tiempo debe considerarla como una oportunidad para integrar a la empresa un socio que aporta conocimiento, experiencia y redes de contacto al desarrollo del negocio.

Para el emprendedor esto implica empezar a buscar con suficiente anticipación el inversionista más adecuado al negocio que quiere implementar. Mientras más apropiadc sea el ajuste del inversionista al tipo de inversión, más fácil será la negociación y serán mejores los términos del acuerdo.

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